Por qué nos vuelven locas las historias de amor gay?



Perdiendo la cabeza con Heated Rivalry
Hace días que no puedo parar de pensar en Heated Rivalry y claramente no estoy sola. Mis amigas, TikTok, Twitter, Instagram, YouTube, todo gira alrededor de la historia de amor de Shane e Ilya y no hay otra serie o película que haya recibido el foco que recibió esta temporada en este comienzo de año. Clips repetidos hasta el hartazgo, escenas convertidas en gifs, edits con temas de Harry Styles y Taylor Swift que se te meten en la cabeza como un loop.
Y sin embargo, y esto es lo interesante, esta serie no es “la mejor serie del mundo”, de hecho, es bastante mid. No tiene una trama complejísima, no es particularmente sutil ni romántica y tiene más escenas explícitas que la primera temporada de Game of Thrones.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Por qué una historia sobre dos jugadores de hockey gay tiene a tantas mujeres heterosexuales completamente obsesionadas?
Y creo que esto es algo que viene pasando hace rato. Si fuiste fangirl entre 2007 y 2015, sabés que no existe nada más intenso que una fan obsesionada con un ship de dos varones. No importa si es una banda, una serie o un libro (que en muchos casos siempre termina siendo fanfic).
De hecho, la mayoría de los fanfics dejaron atrás la fantasía de “TN es camarera y conoce a Luke Hemmings” para convertirse en historias homosexuales (gaaaaaayyyys)
Léase Sherlock y Watson, Larry Stylinson, jugadores de la selección, o literalmente cualquier hombre que interactúe con otro hombre en algo consumido masivamente.
La pregunta clave es: si estas historias fueran entre un hombre y una mujer, ¿nos pasaría lo mismo?
La respuesta corta es: el romance SIEMPRE funciona.
La respuesta larga, y la que vale la pena, tiene que ver con el deseo, el poder, la vulnerabilidad y todo lo que las narrativas románticas tradicionales rara vez se animan a mostrar en hombres, ese papel siempre se asocia a la mujer.
Rivales y tensión
Esto no empieza como una historia de amor y de hecho no lo es hasta casi los últimos capítulos.
Es la historia de dos hombres que deberían odiarse, pero que se desean, se respetan y se reconocen como iguales desde el primer segundo en pantalla (hot).
El hockey no es un detalle al azar. Es un deporte atravesado por la masculinidad más dura, el mandato de aguantar, callar, resistir, romperse los dientes si hace falta para ganar. No hay lugar para la fragilidad.
El hielo es el escenario perfecto, represión emocional, velocidad, impacto, choque. Todo se dice con el cuerpo porque no hay espacio para decirlo con palabras y eso se traslada directamente al sexo. A lo largo de toda la serie el recurso es claro, los cuerpos chocan porque no saben comunicarse de otra forma.
Shane, la sensibilidad
Shane es uno de los personajes masculinos más tiernos que vi en mucho tiempo, no por su cara ni por su crianza de señorito inglés, sino porque es profundamente específico.
Siente en silencio, observa, ordena, cuida, piensa de más (mucho)
Es un overthinker crónico que intenta ser impecable para encajar con sus padres, con la liga, con las marcas, con el mundo.
No histeriquea, no juega juegos emocionales, no especula. Pero su necesidad de hacer todo bien lo deja siempre en una posición de vulnerabilidad.
Quiere amar, necesita encontrarse, sabe lo que quiere, pero no puede verbalizarlo.
Su mayor deseo es ser elegido y eso es algo que rara vez vemos en personajes masculinos.
Ilya, el deseo como armadura
Ilya representa, en apariencia, al arquetipo masculino clásico, combativo, irónico, provocador. Usa el sexo como campo de batalla.
Te lo presentan como al típico tipo fuckboy que esconde sensibilidad bajo la coraza, pero la serie le da una vuelta más interesante.
Ilya es la mezcla exacta entre Mr. Big y Samantha de Sex and the City en una sola persona.
Lo que hoy llamaríamos un verdadero hombre trola.
Su arrogancia es defensa, su deseo es un impulso que no sabe manejar.
Y ahí aparece la magia del vínculo, Shane no intenta cambiarlo e Ilya no logra romperle las esperanzas. Se encuentran en ese punto incómodo entre el control y el abandono.
Oscuridad y luz, cómo el amor ocupa el espacio
Una de las cosas más hermosas de Heated Rivalry es cómo está filmada. El amor se traduce en espacio.
Al principio todo es oscuro, apretado, clandestino. Baños, habitaciones de hotel, rincones sin aire. El deseo existe, pero no puede expandirse ni nombrarse.
A medida que se conocen y se enamoran, los espacios se agrandan, entra la luz, aparecen ventanas, colores cálidos, paisajes, casas y esto va acompañado de palabras, comidas, rutinas compartidas.
El amor no solo se siente, se ve.
Por qué las historias gay nos interpelan tanto a las mujeres
Podría hacer una lista eterna, pero hay algunos puntos clave.
1. Amor sin roles preestablecidos
Incluso en las relaciones hetero más “deconstruidas” los roles están ahí:
quién cuida más, quién cede, quién explica, quién sostiene, quién ruega.
Aca, aunque Shane sea más sensible, todo se negocia, qué sienten, qué pueden dar, qué les duele, qué esperan.
Eso obliga a una honestidad brutal, aunque les lleve años alcanzarla.
Me hace acordar mucho a Normal People en esto, encuentros, desencuentros y todo lo que no se dice hasta que explota.
2. Vulnerabilidad masculina real
Acá está todo!!!! ver a dos hombres permitiéndose ser frágiles sin dejar de ser deseables es lo que hace que todo sea distinto y atrape tanto. Es el sueño fangirl.
Shane con su necesidad de claridad e Ilya con su terror al rechazo. Eso es lo más erótico, porque lo más raro no es el sexo explícito sino ver hombres que sientan así.
3. Un descanso de la misoginia estructural
Cuando sacás a la mujer de la ecuación, desaparece una capa entera de desigualdad. Es una paja, pero es verdad. No hay condescendencia ni jerarquías implícitas.
No porque esta dinámica siempre traiga conflicto sino porque el patriarcado no organiza el vínculo del mismo modo. Mirarlo y no sentirse interpelada con ningun personaje se siente como un descanso mental.
4. Deseo sin penitencia
En muchas historias hetero, el deseo femenino viene con culpa o castigo.
Aca el deseo existe porque sí, porque es inevitable y sobretodo porque es humano.
El sexo como lenguaje
El sexo no aparece como recompensa final. Está desde el principio como forma de comunicación.
Cada encuentro nos plantea algo distinto, miedo, enojo, ternura, desesperación.
No tapa los conflictos, los expone.
La desesperación del amor verdadero
Shane e Ilya se aman de una manera que el mundo no les permite, no porque esté mal, sino porque el contexto es cruel.
Y aun así, se eligen, en silencio, a escondidas y con miedo, pero se eligen.
Esa desesperación es una fantasía profundamente femenina, la necesidad de ser vistas, elegidas, extrañadas !!
Sí, obvio que estamos un poco enamoradas de Shane e Ilya pero más que de ellos, estamos enamoradas de la idea de ellos. La idea de un amor en un lugar tan hostil, con competencia, donde no hay que explicar lo básico y donde dos personas pueden permitirse ser sensibles al mismo tiempo.
Por eso duele y obsesiona tanto porque sigue siendo difícil encontrar algo así en el mundo real.







